El jefe de utilería de Metropolitanos Fútbol Club es un personaje querido y respetado por todas las personas quienes forman parte del elenco capitalino


Prensa Metropolitanos FC | Escrito por:
Miguel Santana (@Santanadeportes) | Fotografías de: Alfonso Ioannoni (@Agim7)


La tenaz resistencia que sostuvieron los aborígenes pertenecientes a la etnia Wayúu ante el intento de colonización español, abrió caminos de libertad permanente en una demostración de inmenso amor por la causa. Sus inconfundibles rasgos evocan a quienes dieron todo en cada batalla, del mismo modo que él lo hace al cantar de primer gallo. Desde temprano se activa con el ejercicio de una función tan silenciosa como efectiva, porque pocos reconocen la importancia que tiene el hombre detrás del hecho. Orestes llega al lugar de los acontecimientos una hora antes con respecto a quienes están llamados a ser protagonistas, para darle forma al escenario donde se harán presentes aquellos que ejecutan el juego. Le dicen utilero, pero aquella palabra debería tener como sinónimo a guerrero.

Desde el punto más alto de la tierra del sol amado, un niño zuliano soñaba con jugar fútbol y ser una estrella para ver aplaudir a los amantes del balompié. No gozaba de calidad excelsa en lo que al dominio del balón se refiere, pero jamás dejó de creer que podía hacer realidad aquella meta trazada al abrazo con su almohada; no obstante, la realidad de una familia de extractos humildes, que necesitaba del apoyo de un adolescente transformado en hombre, le hizo cambiar de sendero. Un consejo de su madre lo marcó para siempre: “tienes que aprender a cocinar, porque el día que tu mujer te deje, no vas a ser un perrito faldero”. Por eso, cocina unas arepas de calidad certificada, aprobadas por el paladar de muchos técnicos y jugadores quienes ansiosamente esperan desayunar cada mañana sus creaciones.

Al ritmo de un accionar trepidante y en búsqueda de nuevas vivencias, Caracas, destino predilecto para quienes desde el interior del país intentan dar un salto de calidad, le dio la bienvenida. Fiel a su cultura, aprovechó todas las oportunidades que el destino le ofreció, siendo desde  ayudante en un taller mecánico hasta taxista, oficio que lo reconectó a su verdadera pasión.

“Le hacía transporte a un amigo zuliano que jugaba en Metropolitanos y siempre lo llevaba a las prácticas. Un día me dijeron que hacía falta alguien que se encargara de la utilería del equipo y me preguntaron si estaba dispuesto a trabajar. Yo les dije que sí y fue entonces cuando tuve mi primer acercamiento con ‘Rafita’ Santana, quien me dio la oportunidad de ser parte de esta familia”, recordó en la emoción de su retrospectiva.

“En el pasado había trabajado para algunas academias de formación en el Zulia, pero lo hacía por entrega y amor al arte. Cuando vi que existía la posibilidad de ser parte de un equipo profesional, sabía que era algo único y no dudé en dar mi aporte”, continuó.

En el permanente intento de prosperar y apoyándose en respeto como principal valor que le caracteriza, Andrade se ha ganado un puesto en la institución capitalina. Tiene cuatro años al servicio del club violeta y muchos amigos, que los ha ganado a base de compromiso absoluto.

“Trabajando aquí tuve el placer de conocer al ‘Zurdo’ Rojas, alguien quien desde el primer día mostró ser una persona humilde y trabajadora. Apenas lo vi, le dije que tenía a disposición su habitual número 17, pero él me dijo que le diera cualquiera, porque venía a respirar un nuevo aire y a ganarse un espacio. Lo mismo pasó con David McIntosh, el primero en llegar y el último en irse. Por eso es que todavía a sus 44 años de edad sigue rindiendo, porque es un tipo muy profesional y entregado”, describió.

Estar al servicio de 28 personalidades y complacer las exigencias de cada jugador es su reto permanente. Andrade es el apellido que nadie verá plasmado en ninguna camisa, pero que siempre hará que todas luzcan en orden y con pulcritud. Orestes no sirve asistencias, ni marca goles, pero está detrás de cada petición convertida en realidad, para que los jugadores sientan máxima comodidad. Decir “primo”, sin alterar ni un ápice su marcado acento zuliano, es su forma de dirigirse a cada ser que tiene en frente, tratándolos a todos de idéntica manera.

“El utilero es la primera y última persona que le ve la cara al jugador en cada entrenamiento y sabe cómo está. Tengo una inmensa responsabilidad con cada uno de estos muchachos, pero mis ganas de querer superarme hacen que no sienta esto como un trabajo, sino como una bendición que me ha dado la vida”, confesó con la emoción del tono emanado de un corazón que regala alegría en su máxima expresión.

Cuando llega al hogar, ver a sus hijos es un factor de inspiración para seguir ganando espacio en la zona de protagonistas de bajo perfil, dando pasos firmes y convirtiendo cada sueño en realidad. El tiempo, mientras tanto, no detendrá su trepidante accionar, por lo que ser dueño de su propia arepera en la tierra que le vio nacer es un proyecto a largo plazo.

“Cuando me retire, estaré en mi propio negocio atendiendo a los jugadores, entrenadores, periodistas, fanáticos y amigos que conocí en este maravilloso mundo. Cuando vayan al Zulia, todos comerán ahí y tendrán una atención de primer nivel”, confesó. Conformismo es una palabra que nunca existirá en su diccionario.

En La Guajira lo esperan para cada fecha especial, porque la llegada del hijo amado es un motivo de festejo. Orestes, de Sinamaica a Juribá, es producto del inmenso esfuerzo realizado por un núcleo familiar que apostó a la educación a través del trabajo para criar a quienes ahora son luchadores del presente. Su sentimiento futbolero se engrandece en la victoria y a lo profundo del camerino, el incansable cacique seguirá colaborando.