El joven entrenador será técnico de la categoría Sub.18 violeta

Prensa Metropolitanos FC | Escrito por: Miguel Santana (@santanadeportes) | Fotografías de: Alfono Ioannoni (@agim7)

Aunque lleva tiempo retirado de las canchas como jugador activo, Marco Vivas no antepone la palabra ex a su concepto predilecto. Sentirse futbolista, así su contrato establezca que es entrenador, hace de llamarada que aviva inagotables pasiones, llevando consigo la inmensa responsabilidad que significa ser parte de Metropolitanos Fútbol Club. Lateral izquierdo de grandes batallas, hace una década fue monarca de la Copa Venezuela, cuando vestía los colores del Aragua Fútbol Club campeón, con José Salomón Rondón de figura al ataque. En Valencia acaparó atenciones de aficionados, que a gritos pedían verlo vestido de vinotinto, y aunque estuvo en la órbita nacional por mucho tiempo, aquel sueño quedó atesorado en sus recuerdos. Puerto Ordaz le vio sudar la pesada camisa de Mineros, mientras que en la escuadra violeta cobró su último servicio trabajando con dos pies habilidosos. Físicamente, ha cambiado poco. Mentalmente, es otro.   

En las últimas cuatro hojas de su libreta hay espacio para un último pasaje. Dormir y rápido despertar para atrapar al pensamiento naciente en medio de su más reciente sueño, lo obliga a permanecer acompañado del bolígrafo que plasma ideas repentinas. Está enamorado de su profesión, como fiel súbito de un motivo en forma circular, a quien el sonido del reloj lo avanza un poco más hacia una cita con el éxito.

Desde una cancha de tierra hasta el césped más verdoso, su intención es la misma: ganar y conquistar a los jugadores en el desarrollo de una idea precisa. Sumar será consecuencia del arduo esfuerzo, porque no existe final feliz sin inicio sacrificado. Mañana, los jóvenes a quienes dirige serán como él cuando estampó su primera rúbrica sobre el papel que le acreditó amo de sus logros. Todo tiene un tiempo. 

“El fútbol es un deporte de momentos, y todos los días estás en el deber de aprender algo nuevo, sin importar cuánto tiempo lleves formando parte de este mundo. Cada partido te deja cosas diferentes, porque las emociones vividas en esta disciplina son inagotables.”, aseveró el director técnico de 37 años.


En el día que debió separarse de sus botines, no pudo ser represor de lágrimas. Su final como atleta marcó el recomenzar de un deseo que mutó de rol. Dos días después de esa primera despedida, la raya se convirtió en su límite con el campo, pero a su vez, supuso un sendero con sentido interminable. Ha escrito grandes historias, como cuando en 2016 perdió solo un partido mientras trabajaba en las divisiones inferiores del Atlético Venezuela. El año pasado, ser entrenador del filial púrpura incrementó sus créditos para acercarse al pago del próximo paso. 2018 será clave para el hijo de El Ávila, cuya Sub.18 será anteproyecto de una larga tesis.


“Todas las personas quienes trabajan lo hacen porque tienen pretensiones, y el día que deje de pensar en grande es porque no está corriendo sangre por mis venas. Me gustaría, en el futuro, dirigir en Primera División, pero para llegar a ese punto debes atravesar una transición compuesta por distintos ciclos, disfrutando al máximo de cada uno”, explicó. Y el tiempo, mientras tanto, le ha dado la derecha.

Jugar con 30 metros de diferencia entre el portero y su referente ofensivo, apelando al fútbol de espacios reducidos, con transiciones rápidas por los costados y laterales de veloz regreso, es su sello registrado. Los menores de Metropolitanos se adaptan al sistema de un visionario y amante del buen toque, que consciente asimila que del dicho al hecho hay miles de horas invertidas para trascender sin temor. 

“El jugador de fútbol tiene que ser atrevido, encarador, pero sobretodo inteligente y audaz. Conocer cuáles son tus capacidades y saber cómo dosificar esfuerzos marca diferencia. Los muchachos a quienes dirijo están a un paso de convertirse en profesionales, por lo que tienen que actuar como tal en todo momento”, explicó.

En Maturín, a pocos kilómetros de un monumento tallado en honor a Juana La Avanzadora, inicia un nuevo proceso. El mandamás y su cuaderno vuelven a unirse para dejar constancia de puntos altos. Hoylas ilusiones de Marco están Vivas.