El segundo asistente técnico de Metropolitanos trabaja pensando en trascender como entrenador y asumir la responsabilidad de seguir primer guía a futuro

Prensa Metropolitanos FC | Miguel Santana (@Santanadeportes) | Fotografías: Alfonso Ioannoni (@Agim7)

 

El amor entre Rafael y Yara trajo como consecuencia la formación de una familia compuesta por siete integrantes. Josué fue el último en llegar, arribando al universo para ser parte de un núcleo que ha girado alrededor de un mundo en forma de balón. El fútbol ha sido la herramienta de trabajo usada por los Santana Segovia para hacerle frente a la rutina, trascendiendo en la historia de Venezuela como un grupo ligado a la práctica del balompié profesional. Entre recorrer las calles de El Paraíso y demostrar talento en el dominio del balón a temprana edad, transcurrió una infancia llena de arcos, camerinos, césped y pasión.
En 1955, un inmenso barco procedente de las Islas Canarias arribó a suelo patrio trayendo a bordo un pasajero que a sus 11 años no tenía la mínima idea de lo que significaría para el país que en aquellos días lo recibía con brazos abiertos. El pequeño Rafael quería conocer nuevas latitudes y mientras el viejo y convulsionado continente europeo transitaba épocas de profundas divergencias y fuertes confrontaciones, la pequeña Venecia era un paraíso terrenal, donde quienes arribaron desde el otro lado del charco podrían sentirse en casa.
La falta de cámaras que grabasen en alta definición al joven futbolista obliga a contar su historia entre relatos escritos y testimonios. Hay gráficas que ponen de manifiesto la valía de su talento al servicio de escuadras como Deportivo Galicia, Unión Deportiva Canarias y Deportivo Portugués, pero Rafael Santana Fontes prefiere que de protagonismo se hable poco. Como técnico es mucho más reconocido y en el más benevolente de sus estados, ceder la batuta de referente a quienes lo secundan en sangre y apellido es su objetivo.


Fue así como el siete de agosto de 1980, Josué Rafael y la vida se abrazaron. Es el menor de cinco hermanos y futbolísticamente, un tipo cuya condición sine qua non ha sido cargar con orgullo un apellido pesado en la nación vinotinto. Aquello fue así desde la concepción, y continuará sin perder su esencia en cada generación, no sin antes contar la historia de un futbolista que ahora se está preparando pensando en dirigir al máximo nivel.
Con la llegada del nuevo milenio y a sus 20 años de edad, Carlos Horacio Moreno y su Caracas Fútbol Club campeón tuvieron espacio para exhibir al talentoso atleta capitalino, quien se estrenó como profesional de su disciplina enfrentando en el Misael Delgado de Valencia al Carabobo Fútbol Club. Hubo tiempo para tres campeonatos en cuatro años.


Al volante de amplia visión le llegó una hora de cambio, cuando en 2004 mudó su fútbol al Zulia para ponerse al servicio del Deportivo Italmaracaibo, pero Maracay lo convocó a una cita con la historia del Aragua Fútbol Club, equipo cuya franela defendió en Segunda División, logrando el histórico ascenso a Primera en la temporada 2005.


De vuelta a la máxima categoría del balompié rentado nacional, un gol contra el primero de sus equipos certificó una imborrable victoria del elenco aragüeño por 1-0 ante los Rojos del Ávila, para en aquel momento situarse en la cima del campeonato como escuadra recién ascendida. Un accidente de tránsito se interpuso en su carrera deportiva, pero jamás en su optimismo, porque lo que parecía punto final se convirtió en un recomenzar con otra faceta.
Con 37 años recién cumplidos, disfruta de un tercer ciclo como asistente técnico, pues previamente militó en las filas del Carabobo Fútbol Club dirigido por Jhonny Ferreira. Está al lado de su padre y hermano mayor, Rafael Eduardo, como cuando todo inició en la primera cancha y al primer toque con el amigo favorito: un balón. Su esfuerzo y absorción de conocimientos le permitirá dar un paso en la asunción de retos importantes, porque el menor de los Santana quiere seguir los pasos de quien es su mentor por excelencia.


“Ser hijo de Rafa Santana para mí ha significado una gran responsabilidad por lo que mi viejo representa para el fútbol de Venezuela, pero a su vez ha sido algo magnífico, porque él ha sido mi guía como persona y profesional”,
expresó con garganta humedecida.
Los efectos de una relación padre e hijo se manifiestan en cada apretón de manos y abrazo de despedida al término de cada práctica, pero después de atravesar la puerta que conduce al lugar de trabajo, el parentesco desaparece. Rafael es maestro y Josué, uno de sus colaboradores más cercanos, y entonces el término “profe” es la forma más idónea de dirigirse para expresar cualquier idea. Todo quedará para lo anecdótico del recuerdo.


“Por supuesto que quiero dirigir a nivel profesional y para eso me estoy preparando, sabiendo que debo sacar provecho de cada etapa vivida. La dinámica del fútbol te obliga a documentarte constantemente, así que siempre hay algo que aprender. En su momento se presentará una oportunidad y quiero estar listo para poder asumir el reto”, confesó.


Josué es el entrenador que como jugador siempre quiso tener, pues su cercanía con los pupilos tiene como intención apelar a valores humanos en el trato con quienes serán devotos de una idea plasmada en la pizarra que nunca suelta. Respeto e inteligencia lo caracterizan, porque con exigencia llegará a excelencia, y así cumplirá consigo.
“Hay que conocer al jugador y saber de qué manera hacerle llegar el mensaje, para que ellos se sientan identificados contigo y juntos apuntemos a la misma dirección. Hoy Metropolitanos atraviesa un presente importante en lo que a logros deportivos se refiere, pero nosotros no nos conformamos solo con ganar, porque la intención del trabajo es conformar un club con identidad definida y marcar diferencia ante los demás”, agregó.


Hace solo días, viajar al sur de América para capacitarse al lado de Ángel Hoyos, estratega de la Universidad de Chile y Héctor Pablo Bidoglio, coordinador de categorías menores de Newell´s Old Boys, fue solo un motivo para creer en lo que a futuro va a crear. Hoy, el silencio le acompaña en cada método de estudio. Mañana, el ruido será ensordecedor.
“Todo proceso lleva tiempo y para crecer tienes que aprender de los errores cometidos. El fútbol cada día demanda más preparación y conocimiento, por lo que es importante capacitarse continuamente y a la par de eso, cumplir objetivos en la función que ejerces”, dijo quien al ritmo del cronómetro se acerca a convertir en realidad lo que ahora solo sueña.
Pensar en grande y tomar decisiones en procura de avanzar serán siempre las características que le van a definir. Josué, el muchacho que debió decirle adiós a su oficio primario tras una intervención de rodilla, nunca desmaya. Tras formar parte del cuerpo de entrenadores que organizó campeonatos de la Liga Premier de Venezuela, se convirtió, junto a Luis Fernández y Rafael Eduardo Santana, en obsevador de talentos como Manuel Arteaga, Juan Pablo Añor, Yangel Herrera, Marco Farisato, Rafael Sánchez, Víctor Rivero, Sandro Notarroberto, Cristian Makoun, Dany Pérez, Jorge Echeverría, José Barragán, Eduardo Fereira, Romel Ibarra y Cristian Cásseres. Después, un segundo ascenso en su carrera, ahora detrás de la raya, lo certificó como subcampeón de Segunda División con Metropolitanos en 2013, en aquellos días como primer asistente, logrando la primera ubicación solo tres años después, como monarca de la categoría de plata en 2016. Su currículo exhibe dos duelos de Copa Suramericana, cuando Carabobo y Deportes Tolima midieron fuerzas, siendo los colombianos quienes por la vía de los penales avanzaron de instancia en 2015.
Estudiar, como lo hizo en Argentina tras haber colgado sus botines, y trabajar, como hace todos los días, lo invitan a pensar en grande y sin fronteras.  Aprendió de Rafael lo que ahora inculca en Sebastián, porque la dinastía Santana tiene futuro. “Niño” ha ganado lo que ha esperado y todo ello obedece a lo mucho que ha superado. El pequeño que conoció al fútbol en El Paraíso sabe que ni los cielos limitan. Su compromiso es superarse a sí mismo.